Al final no pasa nada

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Por: Eduardo Santos Ortega Vergara

E n Colombia, en el país del sagrado corazón, en donde observamos las cosas más inverosímiles, seguimos creyendo que todo cambiará sin esfuerzo alguno, sin compromiso propio; solemos pensar que la responsabilidad es de otro. Justo allí comenzamos a retozar en la zona de confort en la que nos movemos; nos cuesta salir de allí.

Le dejamos la responsabilidad del cambio a los maestros, la educación básica y de valores también; la crianza de los hijos se la encargamos a la muchacha del servicio; el alcalde “debe” darnos todo, nos lo merecemos. Otros responden, yo solo disfruto.

El tema aquí es que mientras este caos sofocante en el que nos subdesarrollamos, no nos toque de manera directa, el problema es de los demás.
El 7 de agosto asumió el actual presidente, el señor Gustavo Petro, lleva un mes en el mandato y estamos esperando ‘que todo cambie’ como por arte de magia. No asumimos que el cambio solo se dará cuando todos contribuyamos a ello.

El compromiso y la acción, es de todos asumir que debemos comprometernos a erradicar está crisis moral y social en la cual estamos inmersos.
Murió la reina Isabel II, el despliegue en los medios es increíble, asesinaron 7 policías y en Colombia es tan normal morir de esta forma. Ya nada nos inmuta.

En Bogotá aparecen bolsas negras con cuerpos desmembrados… por Dios ¿qué pasa en nuestro país? ¿Las investigaciones qué dicen?
Y ahora para ponerle la fresita al pastel, vemos a los congresistas, en pleno recinto sagrado del parlamento, Ape Cuello y Catherine Juvinao cual dos maridos en celo, restregándose sus amores frustrados; machista y feminista y tú me cantas y tú no me gustas, y lo verdaderamente importante que es el robo de la plata del pueblo queda en un segundo plano.

Ape Cuello involucrado en mil escándalos de corrupción, pero para muchos sigue siendo el mejor congresista del Cesar, el equipo Azul le da para todo, increíble

Otra fresita, otro congresista que totalmente ‘peao’ agrede y acusa de asesino a los policías que trataron de impedir su bochornoso actuar, el senador Álex Flórez; de la misma producción de ‘¿usted no sabe quién soy yo?
¿Pero qué hay que hacer? Buena pregunta, diría el Dr. Ortega. Primero, aceptar de manera responsable que esto es compromiso de todos y todos debemos actuar.

Segundo, hacer uso de la mejor herramienta que tenemos los ciudadanos del común, la elección por acción democrática: el voto honesto, limpio transparente, ¿Seremos capaces un día? Aún no podemos cantar victoria porque medio país eligió a Petro, porque detrás de él hay una recua de inescrupulosos que han demostrado hasta la saciedad que les importa un comino el país.
Solo sus intereses personales. Hablo de Roys Barrera, Benedetti y otros más. Él dijo que los corruptos iban presos, pero los que no lo apoyaron. Creo entender.

Tercero, no ser permisivos con los corruptos, de tal manera que, si la corrupción es de élite, en el mismo orden debe ser castigada. Si el presidente la embarra, el presidente la paga. Si merece ser revocado, pues adelante. Que no nos de miedo.
Pero al final los entes de control doblegados ante el poder de don dinero.
Seguimos de duelo por la muerte de doña Isabel II, una semana en la que los medios le rinden tributo a su elegancia y a sus miles de sombreros bonitos y coloridos; los muertos nuestros, los Policías, los líderes sociales, los periodistas que no tragan entero, a esos que los lloren cada uno en su familia. No pasa nada.

Y seguimos, campante la corrupción de los muchos casos, con señalamientos y luego como el kilométrico, retráctil; la danza de los sobornos en acción. Salpicadas las altas esferas, pero eso se “arregla” hay muchas formas $$$.
Por lo tanto, aquí en Colombia y en la ciudad de los Santos Reyes, al final, no pasa nada. Sólo eso.

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