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domingo, junio 23, 2024

Entre guerras frías e invierno nuclear

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Desde el alba de la humanidad…, alba de la civilización podrían conceptuar otros, las relaciones entre las organizaciones de hordas, clanes y tribus, hoy en día regiones, países, bloques de naciones, potencias armamentistas y económicas mundiales, han sido mediadas y atravesadas entre muchos aspectos e intereses por las posiciones de dominio de riqueza, alimentación, agua, metales preciosos, defensa de intereses diversos, avaricia del poder político y hegemónico, además, por el aparente deseo mal sano de reducir la existencia de la especie humana sobre la faz de la tierra a través de la aniquilación estratégica con potentes armas bélico masivas.  

Ps. Antonio Rosado López. Economía del comportamiento

Si optamos por una mirada de perspectiva isométrica al comportamiento de los líderes y potencias del ordenamiento global, encontramos que el gran grueso de esas organizaciones pareciera que están más predestinadas para los conflictos exógenos que para la pacificad. No obstante las diferencias multicausales existirán siempre generando conflictos de diversas magnitudes, pero es menester para la favorabilidad de la población mundial, el camino hacia una resolución de esos tópicos críticos, una actuación emocionalmente equilibrada, inclusiva, consensuada y resiliente.

La denominada Guerra Fría, por la posibilidad de equiparar sus efectos desbastadores con una glaciación general, se desarrolló en torno a dos posiciones sociopolíticas, la democracia y el comunismo. Su existencia deriva un período de más de cuatro décadas comprendidas en varias etapas continuas. La primera entre los años 1946 y 1953, la segunda denominada de Antagonismo Oscilatorio durante los años 1953 a 1969, la tercera Etapa de Distensión desde 1969 a 1979 y la conocida como Segunda Guerra Fría, desde 1979 a 1989 o en adelante; tiempo centrado totalmente en el análisis de las relaciones de los EE.UU. y la extinta URSS.

También se hace referencia de Guerra Fría, al tiempo/espacio transcurrido entre la muerte del líder soviético Lósif Stalin en el año 1953, la denominada Crisis de los Misiles en Cuba en el año 1962 hasta la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas conocida como la Perestroika el 26 de diciembre del 1991, lo que mitigó tiempos de cruentas tensiones contra la estabilidad mundial.

El Invierno Nuclear, es un fenómeno climático que describe las consecuencias del uso indiscriminado y no controlado de bombas atómicas.

Está resorte científico que las pruebas nucleares atmosféricas afectan el clima terráqueo, y el producto de la bola de fuego de una bomba nuclear calienta el aire lo suficiente para que el nitrógeno y el oxígeno reaccionen formando óxidos nitrogenados en la estratosfera, los nuevos artefactos termonucleares generan efectos aún más devastadores que los existentes durante los tiempos fríos. Cierto es que un máximo de apogeo nuclear afectaría el clima maximizando el enfriamiento del globo azul, mientras que la invasión de humo altamente radiactivo y las cenizas eyectadas a la atmosfera bloquean el paso de la luz solar, dicha disrupción podría durar varios años con graves consecuencias a los procesos biológicos y vitales, acabando con todo a su paso y generando por demás, más hambrunas y enfermedades dentro de un ambiente generalmente catastrófico.

Si en los tiempos de las relaciones frías, la comunidad científica tomó partido ante el frenesí armamentista para alertar al mundo sobre el enfrentamiento liquido generado por dos grandes potencias dominadoras de las políticas económicas y sociales del orbe, hoy es más urgente que todas las organizaciones, países y poderes del mundo detengan toda proyección totalitarista. Como los recientes hechos originados por Rusia que al parecer apuntan al restablecimiento de la otrora URSS mediante la coerción y la muerte.

Es fundamental para la paz mundial que se trascienda con la misma intensidad que se amenaza y destruyen las naciones con bombas nucleares lo emergente de una segunda Perestroika. Por igual, es emergente que los expertos y especialistas introduzcan en el debate sociopolítico y científico otro capítulo de Invierno Nuclear, una política pública global que logre detener el impacto climático negativo de un intercambio bélico. No tendrá lógica que mientras el mundo tenga tantas necesidades apremiantes se accionen costosos misiles con ojivas nucleares para desbastar grandes entornos poblacionales, destruir lo construido y acabar con millones de vidas acrecentando el reproceso de la evolución humana

Al desencadenarse un invierno nuclear, originaría indescifrables olas de polvo que viajarían como sucede en el planeta Marte, a grandes velocidades y a gran altura absorbiendo la radiación y que por debajo de ellas cundan las tinieblas y un frio penetrante hasta el alma por las bajas temperaturas, esperamos entonces no se facilite un apocalipsis climático inspirado por las Ondas Espaciales, por tanto, a favor de todos nosotros y para el planeta no podemos dejar de alertar que lo que sucede en Martes el planeta rojo por causas naturales, que bien podría tener su réplica artificial en la tierra, con el atenuante de que en la tierra los irreversibles e irreparables daños los ocasiona la acción humana por la codicia, el odio, y la conquista de la destrucción global.

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