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domingo, junio 16, 2024

El dólar y el campo

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Por: Gregory S. Navarro J.

Desde la última crisis económica en el 2008, no se había estado tan cerca de una nueva hecatombe macroeconómica, que pusiera a temblar a todos los mercados financieros y Colombia no se salvó del nerviosismo de una recesión mundial. Trascendentales titulares enmarcaban los medios de comunicación nacional “El dólar ha rompido nuevo récord”, algunos medios imparciales trataban de darle una explicación económica, otros, querían achacarle el repunte de la divisa al nuevo gobierno que aún no inicia.

Si bien es cierto que la recesión que se aproxima afectará a todo el mundo, es bueno, evaluarse y entender que el peso colombiano se devalúa ridículamente frente al dólar debido a la falta de políticas públicas que lo protejan y guarden el bienestar social de todos los ciudadanos colombianos. Es así como Colombia, gozando de todos los pisos térmicos y tierras suficientes depende de importaciones para dar de comer a sus habitantes.

Aterricemos aún más el contexto al departamento del Cesar: Un territorio con bastas llanuras, bañadas con caudalosos ríos y que en antaño gozó de extensos y frondosos cultivos de algodón, hoy son solo recuerdos de lo que alguna vez fue. Recorrer el departamento desde el sur hasta el norte da fe de estás letras, solo algunos cuantos cultivos de palma africana y algunas pocas parcelas con pequeños cultivos para la despensa local o ganado, adornan hoy la inmensidad del territorio cesarense.

Es lamentable el panorama que se ve en el departamento, las regalías obtenidas por la extracción de minerales del suelo, no se han visto reflejadas en el desarrollo social; solo se ha limitado infortunadamente a la pavimentación de vías urbanas y construcción de nuevos parques que no ataca la raíz de los diversos problemas sociales.

Si una significativa parte del presupuesto y de las regalías del departamento, fuese invertido en el campo para sembrar productos de primera necesidad y en paralelo se proyectara la creación de plantas de procesamiento de los productos obtenidos en estas maravillosas tierras, se aumentaría las ofertas laborales, se promovería la inversión privada, se dignificaría la vida de muchos ciudadanos del Cesar y sobre todo tendríamos un bienestar económico que dinamizaría la economía. Asimismo, el Cesar se convertiría en una de las grandes despensas agroalimentarias del país.

Cuando llegue el día en que los ejecutivos regionales y locales promuevan la inversión en el campo y dejen de buscar el beneficio de su círculo social cercano, quizás la economía de nuestro departamento y nuestra Nación se fortalezcan y con ella nuestra moneda. Así pues, en momentos de nerviosismo macroeconómico, el pueblo no sufrirá de hambre por importar alimentos, puesto que su comida se produce aquí.

Dependemos del campo y al campo hemos de volver ¿Será que al nuevo Presidente, le cuaja la tan anhelada Reforma Agraria? Pronto lo sabremos.

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