Así nació la primera iglesia afro del Cesar

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Esta iglesia consagra, al menos, 600 feligreses, la mayoría de ellos de las comunidades afrodescendientes de la ciudad de Valledupar, cuya comunidad ha venido en crecimiento desde el año 2000. Sin embargo, lo más probablemente es que no conozcas la existencia de esta iglesia que tiene una historia bastante peculiar por ser una de los primeros templos enfocados en el pueblo negro de la capital del Cesar.
Sus inicios se remontan a finales del siglo XX, cuando unos españoles que atendían el centro de culto del camino Neocatecumenal, liderados por el sacerdote Luis Armel, de la diócesis de Medellín, empezaron a evangelizar en la ciudad con el apoyo de la Diócesis de Valledupar.

Poco a poco el culto fue creciendo, hasta que nació la comunidad de la parroquia en honor a la Santísima Virgen María, bajo el misterio de La Anunciación. No obstante, el camino apenas empezaba, pues al no tener un templo propio, la comunidad peregrinaba por varios sectores de la ciudad y por ser un grupo pequeño, estuvo a punto de desaparecer por problemas económicos, ya que las ayudas que recibían de la Sede eclesiástica le fue retirado, quedando desamparados y sin fondos.

Carmen Evelia Cuadros Caro, de 90 años, nacida en Chimichagua, es cofundadora y una de las primeras feligreses en vincularse a la congregación a su llegada a la capital del Cesar, a finales del siglo pasado, ella recuerda con emoción el surgir de la iglesia a pesar de las dificultades.

“Yo antes asistía a otra congregación, pero por la cercanía, una amiga me invitó a ésta, que al principio era un centro de culto, pero poco a poco fuimos creciendo”, indicó, y añadió “el ambiente que se respiraba aquí era diferente”, pues se trataba de una iglesia afro, que como menciona Ovelio Pardo, diácono de la parroquia de La Anunciación, ha ido tomando con fuerza su puesto en la realidad del pueblo de Dios.

Una iglesia peregrina

Estuvieron en, por lo menos, tres lugares, realizaban las misas en parques e incluso, se alojaron por un tiempo en el sótano de un edificio de donde debían salir cuando llovía, pues se inundaban. Llegaron a pagar hasta $700.000 de arriendo, valor que resulta exorbitante para la Valledupar de aquél entonces. A pesar de no tener templo físico, la iglesia estaba viva.

Tiempo después, comenzando la década de los 2000, entre buscar y buscar, encontraron un lugar. Se trataba de una casa lote en la esquina de la calle 12 con carrera 16, lugar en donde se encuentra en la actualidad, no obstante, encontraron un ‘pero’ que preocupada a los feligreses, pues el sector era conocido por ser zona rosa, es decir, está rodeado de discotecas, bares y negocios nocturnos. Sin embargo, y aunque algunos no estaban de acuerdo con el sitio, se acordó la compra del mismo por la suma de 90 millones de pesos. Dinero que fue recaudado realizando rifas, bingos, venta de comida, donaciones, entre otras actividades. Además, dineros que recibieron prestados por parte de algunos feligreses que sintieron la necesidad de contribuir al pueblo de Dios.

“Cuando empezamos, celebrábamos la misa en un ranchito de paja que se llovía más adentro que afuera”, recordó Gloria Matilde Sofía Tapia Fontalvo, una de las principales cofundadoras de la congregación.
Al adquirir el terreno, entre los pocos fieles que quedaban en la congregación, fueron limpiando, construyendo y dándole vida a lo que hoy es la Iglesia Afro de Valledupar, la cual comenzó catequísticamente a mediados de 2006.

La iglesia afro

Aunque la congregación afro es pequeña, está formada por catequesis, jóvenes misioneros, monaguillos; es una de las pocas iglesias en tener diácono permanente y tres pequeñas comunidades, entre las que se destacan la pastoral de salud y la pastoral penitenciaria.

Teodoro Barros Olmedo, coordinador de pequeñas comunidades, indicó que el enfoque afro de la iglesia lo atribuye a designios de Dios, pues no estaba contemplado en la realización de la congregación, sin embargo, a través del tiempo, fueron surgiendo pastorales como la afro, la primera de ese tipo en Valledupar. Él considera que “los jóvenes ha hecho que la parroquia haya crecido en espiritualidad, cobertura y por eso ya nos empiezan a conocer en la ciudad”.
Aunque es una iglesia enfocada en las comunidades negras, no le cierran la puerta a nadie.
Por lo que, Mireya Caro Batista, encargada de la pastoral penitenciaria, cree que el amor de Dios no es selectivo, por eso “llevamos el mensaje de Dios a los hermanos que están detrás de las rejas, eso me llena de orgullo” señaló, y agrega “ellos esperan que uno les anuncie la palabra de Dios porque eso los fortalece al pagar su pena encerrados”.

Además de realizar eucaristías, alabanzas y predicas en las cárceles de la ciudad, con la pastoral de la salud, ofrecen la palabra divina y la comunión a las personas enfermas en hospitales, y a domicilio a aquellos hermanos que por su condición o enfermedad ya no pueden asistir al templo.

Ovelio Pardo Casiany, llegó a la parroquia en el año 2017 y hoy es diácono permanente de la diócesis de Valledupar en la parroquia La Anunciación, guiado por el padre Jairo Martínez, una persona carismática que le ha dado un dinamismo a la iglesia y que hoy, en la Pastoral Afro, junto al padre Harold Wilson Douglas, forman la primera iglesia de comunidades negras en el Cesar, que cuenta con cerca de 60 jóvenes encaminados en la catequesis y un aproximado de 600 fieles que se congregan en la celebración dominical.

Así fue creciendo la primera iglesia de las comunidades afros en el Valle del Cacique Upar, en medio de dificultades económicas, de bares, discotecas, pero con el respeto de los vecinos y la convivencia entre el libertinaje y la oración, con el fin de tener un lugar donde el pueblo afro se sintiera en casa, sin razón de excluir sino más bien, con el ánimo de acercar la comunidad a la palabra divina de Jehová.

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