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sábado, abril 20, 2024

La pérdida de la sociedad abierta.

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Por: Psic. Antonio L. Rosado López

Ing. Del Comportamiento Social y la Salud.

La Democracia Iliberal cuyo término fue acuñado por el politólogo Fareed Zakaria a finales de la década de los 90s del siglo XX, dio crédito a un anunciado fenómeno de que ciertos gobiernos democráticos europeos, muchas veces populares, utilizaban sus mandatos para erosionar los derechos individuales, fortalecer la separación de poderes y minar el Estado de Derecho. Para entonces, el iliberalismo apenas se apreciaba de ser un fenómeno relativamente marginal.

Esa tendencia populista se acompañó de “cambios” que surgieron y se establecieron inicialmente en algunos países del viejo continente para posteriormente convertirse en lo que se ha visibilizado como una fuerte amenaza para las democracias más comprobadas de la región de las Américas y del Caribe a partir del acrecentamiento de las confrontaciones ideológicas y los planteamientos teóricos divergentes, como el multiculturalismo, el iliberalismo, cosmopolitismo y la globalización. Por tanto, esa propensión no ha sido nueva, su existencia refleja el coqueteo de algunos países de estas latitudes hacia las ideas antiliberales-autocráticas poco diferenciadas de los fracasados modelos autoritarios.

Si existe algo por considerar como las razones estructurales que explican el establecimiento del iliberalismo en algunos países, es necesario dar cuenta de la desigualdad social y económica en los territorios, como también fue preponderante para su fortalecimiento el efecto redes sociales y el manejo de los contenidos digitales. En algunos casos el factor contextual suma en grado para que en alguna población se tuviera proclividad hacia el autoritarismo y en general a la desafección hacia la democracia participativa. Sin embargo, a la luz de inocultables circunstancias la mayoría de las poblaciones se arrepienten de dar el paso al acabose de la democracia abierta. Si en la democracia tiene mucho que ver el no buen desempeño de políticos y partidos, en lo segundo, es el hecho de que las poblaciones creyeron encontrar una alternativa cualquiera de manejo del Estado y regularmente ha sido como una especie de trampa de agua donde navegan los equivocados.

No es utópico, los países que han adoptado la Democracia Iliberal, a la luz de hoy son sociedades que experimentan una especie de enclaustramiento y la restricción desmedida de las libertades constitucionales a título rimbombantes y anunciados cambios en la economía y la atención integral, que a la postre solo podrían estar en la forma de distribución de información mediática de abierta a una cerrada y por igual manipulada con discursos más extendidos que coherentes.

Otro factor de arribo del iliberalismo como fenómeno contado por el Proyecto V-Dem, es que tiene dos componentes distintivos: afecta a las diversas democracias que ya estaban establecidas, y por el otro, muchas de las democracias son socavadas de manera progresiva, no a través de un golpe de Estado clásico, pero si a partir de movimientos y liderazgos que llegan al poder a través de elecciones y, que posteriormente, inician el fortalecimiento de sus proyectos iliberales, muchas veces carcomiéndose las libertades y la economía de las clases poblacionales. En un régimen autoritario iliberal también se han posibilitado la realización de prácticas de corrupción de los que han criticado con vehemencia.

Una definición simplificada de democracia liberal, refiere a que es un sistema de gobernanza con elecciones libres, equitativas y multipartidarias, en que existe la separación de poderes y el Estado garantiza ciertos derechos civiles, previendo que su fundamento esencial es la realización y la libertad integral del individuo. Mientras que la democracia iliberal en los mismos términos simples, evidencia un sistema de gobierno donde se celebran elecciones, el Gobierno limita la libertad del pueblo al que representa. Muchos describen este fenómeno en términos de ideología poscomunista neoconservadora, paternalismo, populismo o elitismo, entre otros; por cierto, no existe una línea de demarcación clara y definida entre las democracias liberales y las iliberales, hoy la zona gris en medio de democracia y dictadura autoritaria es cada vez más amplia, así lo sostuvo Szelényi y Csillag, 2015.

Una sociedad no es abierta cuando es iliberal su sistema de gobierno, y pese la existencia de “elecciones” los ciudadanos no tienen conocimiento real de las actividades de quienes ejercen el poder a falta de libertades civiles. Por igual, las personas no logran a ejercer su derecho a no estar de acuerdo, a pensar diferente, proponer una alternativa, señalar y a criticar los atropellos del poder. Cierto es que un régimen autoritario no tolera las actitudes abiertas y el problema es que ese tipo de regímenes se está diseminando. No obstante, la premisa de fortalecimiento democrático arriba en que el tejido civil es una malla de protección frente a las dinámicas iliberales.

Los análisis que se hacen en torno a esta focalización identitaria sugieren que lejos de encontrarnos ante una guerra intestina de civilizaciones, la realidad americana se encamina hacia otros derroteros, donde lo urgente es clarificar el concepto de nuestra identidad continental y a nivel territorial país, indagar, preguntarnos y defender constitucionalmente el sentido de ser colombianos.

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